1. La ley de Murphy: "" Si algo puede salir mal, saldrá mal.""
Caerse en una fuente. Perder los papeles (del camión). Marearse en clase. Hacerse un
esguince. Que te corten el agua o que verse atacado por un virus (o bacteria, léase bicho inmundo y desgraciado) que te hace pasar la noche en vela. Sirve para algo. Sirve para darse cuenta de que la vida es perversamente cómica. Que es extrañamente divertida.
Mientras huyo de un despacho helado y de una conexión a internet que se niega a funcionar (y ya van dos días … “que viene y va…” ) el frío contrasta con el cálido exterior (aquí queda patente las buenas construcciones de los edificios). Combato el frío sumergida en auntes y libros de letras extrañas. Cuando me doy cuenta ya se ha terminado. No más preparación de clases hasta enero.
Pero, seguimos.
24 h saludando a mi amigo Roca, deshidratada y dolorida me voy a clase (aquí viene mi parte camicace). Estoy como aquel halcón, derribada. Aturdida. La clase está demasiado cargada y yo me aturdo. Me mareo un instante. Me siento y bebo agua mientras algún que otro gracioso (capullo) comenta “a ver si voy a estar embarazada” (“del espíritu santo, no te jode” Pienso) y lo invito amablemente a que se vaya (a dar por culo a otra parte). Ha sido sólo un minuto. Así que seguimos con las series (de terror).
Más.
Me han cortado el agua. “Por impago”, me comenta la amable operadora que me habla al otro lado del teléfono. Y yo me acuerdo de la madre o de algún que otro familiar de los anteriores inquilinos (o de aquel responsable de no haber pagado esa factura). Me da los pasos a seguir para recuperar el suministro, si no pasa nada, mañana por la tarde (que, empieza, claro está, por pagar). Me muero por una ducha caliente (la que me de mañana por la mañana en los vestuarios de las instalaciones deportivas. ¿quién me iba a decir a mi que sacarme la tarjeta deportiva hace un par de semanas tendría esta utilidad?.). Más utilidades: la del carro de la compra recientemente adquirido y que me ha servido para traer garrafas de agua a mansalva y apañarme hasta mañana.
2. Black Hawk Down
Ves pasar las horas en el reloj acompañada sólo del insomnio y la tos, el tiempo y la memoria (perversa, cruel y traicionera) te golpean con recuerdos olvidados. Ahora, en el momento más bajo. Vulnerable. Desprevenida. Y te machaca. Es un KO rotundo. No opción a ganar por puntos.
3. Declaración de guerra:
El día despunta. Ya ha pasado esta noche de insomnio. Te levantas al oir el despertador y, por fin, decides que ya no hay más que hablar.
Que se ha terminado la declaración de intenciones. Que vas a reírte del gato negro. Que vas a pasar por debajo de la escalera. Que ya no hay opción Que estás harta, harta, harta y muy cansada de sentirte así. Como una yonky del dolor. Que no. Que se acabó! La ira contenida explota. No me da la gana. Sólo tengo ganas de decir tacos. De acordarme del familiar más próximo de toda esta nube tóxica que me rodea. Que no soy así. Que se ha terminado eso de estar adormecida. Dormida. Se ha terminado ser el alma en pena. Se ha terminado la autocompasión y lamerse una y otra vez las heridas. Duelen, si, y qué? Que quiero volver tener ganas por todo.Que quiero querer hacerme preguntas. Que quiero volver a querer todo. A tener ganas de todo. Que el tiempo pasa demasiado deprisa (me doy cuenta al ver cómo de repente, ya ha pasado un año) y yo estoy aquí. Estancada en esta arena transparente que no me deja moverme. Aquí encerrada. Que hay que salir del agujero. Del puto agujero, aunque perdamos alguna parte en el intento. Y quiero ser esa Uma Thurman que en Kill Bill vol.2 que se rompe los nudillos al salir del ataúd (soy una friki, lo sé).
Hoy me he levantado cabreada con el mundo, pero sobre todo, conmigo misma. Con ganas de arrancarle la cabeza de un bocado, no a él, si no a la tristeza y al dolor que me he empeñado en que me rodeen.
Hay queda mi declaración de guerra. Hoy tertmina el día. Ya veremos cómo se da mañana.